Ana Landa, pinta lo cotidiano desde el movimiento y la emoción

Para la artista plástica juarense Ana Landa, el arte no comenzó en un momento preciso, sino como una inclinación que estuvo presente desde la infancia. Recuerda que desde pequeña disfrutaba crear y dibujar, pero fue durante la preparatoria cuando comenzó a acercarse con mayor interés al dibujo y al uso del color. Más adelante conocería la carrera de Artes Plásticas, un espacio que terminó por confirmar el camino que quería seguir.

Fue dentro de ese entorno donde encontró algo que marcaría su decisión: convivir con otras personas dedicadas a la creación. Estar rodeada de pintura, materiales y procesos artísticos le permitió reconocer cómo se sentía al formar parte de ese ambiente y entender que el arte sería su forma de vida.

Su primera experiencia expositiva llegó a partir de una invitación inesperada. Un amigo que tenía una marca de patinetas le propuso intervenir una para una muestra colectiva que se montó en Yellow House, un espacio cultural que en ese momento reunía música, arte y distintas expresiones creativas en la ciudad. Para Landa, aquella exposición fue significativa no solo por presentar su trabajo, sino por el encuentro con una comunidad de artistas de distintas disciplinas.

Con el paso del tiempo, su obra ha ido transformándose tanto en forma como en color. La artista explica que ha desarrollado un lenguaje visual propio, donde ciertas formas se repiten porque le permiten comunicar ideas, emociones o sensaciones de manera más clara. Algo similar ha ocurrido con su paleta cromática: tras distintos procesos de experimentación, ha encontrado afinidad con una gama cercana a los colores primarios azul, amarillo y rojo, con los que siente mayor comodidad para transmitir lo que busca.

Entre los temas que aparecen con frecuencia en su trabajo está la idea de hogar, una noción que se ha vuelto especialmente significativa a partir de distintas mudanzas que han marcado etapas de su vida. A ello se suma la observación de la vida cotidiana: caminar o desplazarse en bicicleta por la ciudad su medio de transporte habitual, le permite detenerse en los detalles del entorno, en las escenas del centro de la ciudad donde vive y en las emociones que surgen de esos recorridos.

La naturaleza también ocupa un lugar central en su obra. La flora y la fauna del desierto se entrelazan con el mundo emocional para construir imágenes que, en sus palabras, buscan relacionar lo natural con el sentir humano desde una mirada poética.

Para Landa, las emociones son parte inevitable del proceso creativo. No importa si se trata de sensaciones consideradas positivas o difíciles: todas necesitan salir, transformarse y encontrar forma dentro de la obra.

Actualmente, su trabajo puede encontrarse también en el espacio público. Algunos de sus murales están ubicados en distintos puntos de Ciudad Juárez, como la zona Centro, el Kilómetro 20 y Riberas. Además de compartir su obra en redes sociales, la artista imparte talleres de cerámica donde continúa fomentando el acercamiento a los procesos creativos.

A quienes comienzan en el camino artístico, Landa les aconseja persistir.
“practicar una y otra vez hasta sentirse cada vez más cómodos con su trabajo. También destaca la importancia de hacer comunidad, conocer a otras personas que crean en la ciudad y colaborar entre artistas, ya que ese intercambio permite ampliar horizontes y llevar el trabajo a nuevos públicos y miradas”.

Este reconocimiento forma parte del segmento “Cultura, Talento e Identidad Juarense”, impulsado por el Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez (IPACULT), un espacio donde cada semana se comparte la semblanza de artistas locales cuyo trabajo fortalece la vida cultural de la ciudad.